jueves, 11 de diciembre de 2008

Buenas Noches

Estoy echada en la cama, me recojo el pelo cuando ella me lo pide y noto como jadea mientras me frota con sus manos e insiste que debe de hacerlo fuerte para que penetre.¡Qué gustazo que masajee mis cervicales y los poros de mi piel absorvan la crema calmante! ... Y es que desde que tuve el accidente, viven en mi la angustia (vital) y el mareo físico, en buena armaonía, y sólo encuentro remedio en la queja combinada de alivio malcurado: - denme pastillas de colores que en mí funciona el efecto placebo. Gracias, no malgasten su poder de convicción. Las pastillas para el mal del siglo 21, la enfermedad del alma, tan antigua ésta, comienzan a hacer efecto en mí, bloqueando emisiones no certeras en el ámbito de las líneas que demarcan la normalidad, y trasladándome a un sueño frágil y artificial. Comenzaré a vagar por las entrañas del subconsciente, buceando en lo absurdo que no es más que una realidad sin límites de obra y pensamiento exentos de culpa, libres de cargas. ¡Qué bonito es soñar y que macabro que suene el despertador, qué insensible a las pesadillas, qué humana ante la tragedia...! El deseo sexual que ejerce el cuerpo de Bea que está a mi lado emanándome calor, recala lentamente mezclándose con pequeñas imágenes matutinas. Buenas noches.