jueves, 13 de noviembre de 2008

Me he dado cuenta que sólo estoy bien, si me olvido de quién soy. Viviendo en otros personajes o aumentando mi empatía por el otro hasta tal punto que puedo dejar de sentir que me arde la piel.
No me gusto, ni siquiera por mis actos. Siento una enorme vergüenza por lo que hago, por lo que digo, por como gesticulo. Y siento que me desmayo al pensar que alguien puede estar reproduciendo algún hecho en el cual yo este de alguna manera implicada directamente, ver descubiettos todos mis defectos. No lo soporto. Evito así tener relación con cualquiera. Ni siquiera quiero releer esto, porque es horrible.
Tampoco puedo tirar de glorias, porque si alguna conseguí se lo debo a este castigo que vivo.
Me paso el día planeando de que manera encontrar la paz, ya ni siquiera voy detrás de un buen momento, lo vivo mal, en tensión,no sé. Como si alguien espera que después de lo que nos llevo a ahí hiciese algo más. Me siento en perpetua deuda para con los demás. Todo tiene un precio. Entonces olvido lo de la empatía y todos esos valores de los que alguna vez alardeo, y sólo doy por bueno que el trueque es el sistema de supervivencia. Porque este mundo es de supervivientes, mucha razón tenía Darwin. MIra que paso con los indios).
Si tengo una conversación con alguien, en ese mismo momento tengo tres concersaciones: la que mantengo con la persona con la que estoy, y otras dos conmigo que se ramifican en a). el demonio que enloquece y me advierte que corrija el tono, que me defienda de mi adversario, en este caso del interlocutor, que comience a desviar su atención para un contrataque. b) el ángel que mudo intenta dar sosiego a mis emociones sólo con su presencia.
Necesito ese estado parecido al satnd-by. ¿cómo debe de ser eso de estar muerto? ¿Asencia de tristeza, de felicidad...? ¿Un estado especial y persuasivo? ¿Una reflexión eterna?
Quizá no esté preparada ni para eso. Porque todo me aburre, todo me cansa, todo me produce Nada.
Me paso la vida olvidando, llevando a la papelera de reciclaje todo lo que no me deja tener un sentido claro de las cosas, pero ésta nunca se vacía. Es un olvido lleno de sonido, y es la música que siempre me acokmpaña. Un ruido que va variendo el volumen pero, nunca abandona.
También me pregunto que sería, o quién sería yo sin esta ausencia, sin estas cosas que llenan mi vacío., sin mi llanto constante. ¿quién podría haber sido yo? ¿cómo serían las cosas? de qué estaria lleno ese espacio que siempre está hueco.
Entretanto, soy consciente de que no puedo tomar una decisión, que al igual que hoy tengo un día suicida, mañana estaré feliz de no haber cometido una locura.
O como en otras ocasiones, insatisfecha y reprochándome no haber dado el paso. Pero siempre estoy perdida en el mismo laberinto.
En realidad no soy buena en nada, no tengo ninguna aptitud que destacar. El trabajo no me lo tomo en serio, no quiere decir eso que no me afecte, que siempre es en demasía; si no que todo me parece demasiado relativo. Quizá sea así para compensar con el desiquilibrio afectivo que tengo en mi vida personal. Y en el puesto donde estoy, eso no me lo puedo permitir.
En el entorno familiar, tampoco tengo un papel relevante; soy como una especie de muro, que está ahí, pero que no represento ningún elemento esencial. No soy curiosa. Ni cariñosa. Ni afectuosa. No me gusta halagar, ni me gusta que me halaguen. No quiero que la sangre que corre por mis venas me condione. No quiero ataduras. Huyo de sobremesas, de cotilleos, de armonía paternal. Siento una reacción alérgica cuando mi padre me besa, o un lagrimeo tonto cuando mi madre me acaricia. No lo merezco, ni sé devolverlo. No comparto con mi hermana lo que me inquieta, ni mis lios de cama.
Claro que siento amor, que echaría de menos la vida que tengo ahora, pero también pienso que la vida puede seguir sin mí. Que soy esa clase de persona que estuvo bien tener en un albúm de fotos, en una parte de la historia, no me imagino anciana y contando batallitas a mi descendencia. Mi insconstancia da muchos quebraderos de cabeza. Soy perjudicial para la gente que tengo alrededor, y sé que la volveré a liar, y que causaré daños colaterales. Lo sé, y tendré que remonatr, empezar de nuevo, una y otra vez. Y cada vez las heridas duelen más, la paciencia más deteriorada, los ánimos más bajos. Busco un momento en el tiempo dónde poder girtar este dolor emocional que no me deja respirar, y que no sé verbalizar. Esta tristeza que se apodera de mí e invade todo mi universo.
Sé que contagio mi desorden.
¿Y qué hago con las metas que no peudo conseguir, esos puntos que meticulasemente estudio durante el fin de semana y que tengo que perseguir para lograr un estado mejor para mí, para mñi pareja?
Mezclo, me aturrllo, y entonces siento esa culpabilidad que me quema.

3 comentarios:

dintel dijo...

La primera frase es aterradora.

eterno.embeleso dijo...

Hey! Creo que me pasó lo mismo... Hubo momentos en mi pasado en los que sentí que no era nada, que no jugaba ningún papel importante, y ya no sabía cómo seguir con todo. Era realmente abrumador. No soy muy buena dando consejos, porque tampoco tengo bien definido qué fue lo que pasó para cambiar como repentinamente, sólo te digo que tengas paciencia, que trates de aceptarte por cómo sos, no intentes ser más dulce, más cariñosa, por ejemplo, si no nace de tu interior. No trates imitar a la gente, ni olvidarte quién sos. Sí, lo se: no te gusta serlo, pero es con lo que te tocó lidiar, y vas a ver, que si poco a poco te aceptás, y sólo mejoras aquellas cosas que sí merecen ser mejoradas, que todo va a estar mejor, y que las personas sí te quieren así como sos.

Beso :)

Ordago dijo...

Te he descubirto a través de otro blog... Creeme que comprendo demasiado bien lo que dices... No te voy a dar consejos, ni frases oportunas, porque se muy bien que en ciertos casos, no valen absolutamente de nada. Sobre todo en la agustia vital que no se es capaz de verbalizar... Cuando el universo entero te come, y escuchas frases de aliento que nunca alivian el dolor. He leido en otro post acerca del equilibrio... Asi que o unico que te puedo decir es que "yo se que algo parecido al equilibrio, termina llegando", aunque luego todo se vuelva un caos y haya que volver a empezar... Pero termina llegando.
Un beso desde al lado del mar.